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Mostrando las entradas de 2025

Nadie recuerda a los invisibles

Capitulo 1:  El fin de todo Me despidieron del trabajo a las 10:50: M e llamaron a la oficina de Recursos Humanos. Ni siquiera me dejaron terminar el trabajo que estaba escribiendo. —Lo sentimos, pero hasta aquí llegamos —dijeron, con esa voz falsa que usan cuando creen que la cortesía suaviza el golpe. ¿Quién carajo despide a alguien a esa hora? Me entregaron una caja de cartón y tuve que recoger mis cosas frente a todos. Como en las películas, pensé, solo que en la pantalla grande nunca se siente el ardor en la cara ni la presión en el pecho. Caminé hasta la salida escoltada por un guardia, como si hubiera robado algo. Como si mi único crimen hubiera sido quedarme demasiado tiempo en un lugar que nunca fue mío. No aguanté más. Afuera lloré, primero en silencio y luego sin poder detenerme. Lloré todo el camino al metro, con la caja pegada contra mi cuerpo como si fuera lo único que me quedaba. Sentía que me habían desechado con la misma facilidad con la que uno arruga un papel y l...

El villano que ustedes crearon

No siempre fui así. No siempre tuve la rabia tatuada en la voz ni el veneno en las manos. Hubo un tiempo en que yo también creí en el bien. Sonreía, obedecía, confiaba en que si hacía lo correcto, si trabajaba duro, si me mantenía recto… algún día encontraría mi lugar. ¿Y qué recibí a cambio? Humillaciones. Burlas. Puertas cerradas en la cara. Me llamaban inútil, me apartaban como si fuera un estorbo, me pisoteaban aunque nunca les hice daño. La justicia no me protegió. La gente me ignoró. Y poco a poco entendí que la bondad no vale nada cuando el mundo disfruta aplastar a los débiles. Ese día algo dentro de mí murió… y algo más nació en su lugar: la certeza de que si el mundo goza destruyendo, yo sería el monstruo que nadie pudiera ignorar. Ahora soy lo que ustedes llaman villano. ¿Quieren saber qué significa? Significa que aprendí a devolver cada herida. Que descubrí el poder que da el miedo en los ojos de los demás. Que si me negaron respeto cuando fui bueno, lo arrancaré con violen...

Una taza rota dentro del cajón

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La vida pesaba mucho y yo ya me había cansado de cargar, el peso era insoportable por momentos y rendirse sonaba tan fácil. Tan dulce. Tan silencioso. A veces me preguntaba si alguien más lo notaba. Si entre mis sonrisas forzadas y mis respuestas automáticas, se colaban las grietas. Nadie decía nada. Quizá nadie veía. Quizá todos estábamos igual de rotos, pretendiendo estar enteros. Las noches eran las peores. Ahí no había máscaras. Solo yo, mi cama, y esa sombra que se acostaba a mi lado, que me respiraba al oído y me recordaba todo lo que no era, todo lo que no logré, todo lo que ya no podía cambiar. Un día, sin avisar, me quebré. No en gritos. No en lágrimas. Me quebré en silencio. Como una taza que se rompe dentro del cajón sin que nadie lo note. Seguía ahí, con la forma intacta. Pero ya no servía para contener nada. Últimamente, todo parece venirse abajo al mismo tiempo. Algunas puertas se cerraron sin despedida, otras se están cerrando poco a poco y me cuesta acept...

La primera vez que me folle a alguien

Creo que ayer fue la primera vez que me follé a alguien. Las veces anteriores que me he acostado con alguien, sentía que era a mí a quien follaban, que yo no tenía el control. Pero ayer fue diferente. Ayer fui yo quien lo inició, yo le dije lo que quería hacerle, yo le guié las manos para que me tocara como quería. Fui yo quien le bajó el pantalón. Fui yo quien se montó encima de él para sentirlo mejor, para tener el control. Vi en su cara que le gustaba, y eso fue el combustible que necesitaba. Me excitaba ver su placer reflejado en su rostro. Me enloquecía saber que era gracias a mí. Amé cada parte de follármelo. Pero no fue por él. Fue por mí. Por cómo me sentía al hacerlo. Sentí algo que nunca había sentido: poder. No por dominar, sino por decidir. Por no estar complaciendo, sino disfrutando. No necesitaba que me dijera que lo hacía bien, su cuerpo ya me lo estaba diciendo. Y por primera vez, no me perdí en el otro, no me desconecté de mí misma. Estaba tan presente en cada se...

Las 25 cosas que he aprendido en 25 años

Cumplir 25 años se sintió como llegar a un punto medio entre “ya soy adulto” y “no tengo idea de qué estoy haciendo”. En este tiempo he aprendido algunas cosas… a veces a las buenas, a veces a las malas. Estas son las 25 cosas que aprendí (o intenté aprender) en estos 25 años de aventuras, tropiezos y mucho chocolate. 1. El café es para las mañanas; el té, para las noches. No confundas los turnos. 2. Antes de decidir, mira bien a tu alrededor… a veces, el mejor plan es el que ni tenías pensado. 3. En el amor, no des tantas oportunidades: a veces la primera ya era suficiente. 4. Las desilusiones laborales duelen más que las amorosas (pero llorar en pijama sigue siendo un gran plan). 5. Leer libros no siempre significa entenderlos; a veces solo querías que se viera cool en la foto. 6. La procrastinación es un arte… un arte que, tristemente, nadie domina. 7. Las mejores conversaciones llegan cuando menos las planeas. 8. Un buen chocolate arregla casi cualquier drama (y si no, al menos end...

Los pasos que no dimos

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La caja estaba en el fondo del armario, intacta. Marta tuvo que inclinarse con cuidado para sacarla, empujando prendas que ya no usaba, abrigos demasiado pesados para su edad, carteras vacías que solo conservaba por costumbre. El polvo sobre la tapa era grueso, casi sólido, como si el tiempo hubiera decidido asentarse allí, a descansar también. Se sentó en la cama. Las rodillas le crujieron un poco —cosas de los setenta, pensó—, y dejó la caja sobre su regazo. La reconoció al instante. Azul marino, con las letras doradas apenas visibles: una boutique que cerró hace décadas. Marta deslizó los dedos por el cartón endurecido, como si acariciara una reliquia. Los había comprado una tarde de lluvia, en el centro. Entró a la tienda escapando del frío, sin intención de gastar. Pero entonces los vio: zapatos elegantes, sobrios, de un cuero tan suave que parecía respirarle en las manos. Pensó en lo mucho que él los admiraría. Pensó en la cena que tendrían ese sábado. Pensó, sin saberlo, por últ...

Mi renuncia al amor

Antes que nada, me parece importante mencionar que ya lo pude olvidar, que no hubo dolor que durara cien años, que cada vez que te rompen el corazón va doliendo menos, que te haces más fuerte con el tiempo porque ya no te rompes tan fácilmente. No digo que ya no duela, pero sí que con cada lágrima que derramé pensando que era por su culpa, me di cuenta de que él no era el culpable y que, en realidad, no había culpables. Era más bien cuestión de cómo estaba eligiendo el amor, de cómo llegué a creer que si no conseguía tener a alguien antes de cierta edad, me quedaría sola. Y puede que sí me quede sola, pero hoy ya no me da miedo esa posibilidad. Encontrar el amor ya no es el Plan A, ni mucho menos el Plan B o C. Quiero hacer más cosas, quiero conocer más lugares y a más personas, pero sobre todo, quiero conocerme a mí misma y todo de lo que soy capaz, o de lo que seré capaz si pongo la misma energía que pongo cuando estoy en una relación, en mí misma, en encontrar lo que quiero, en ser ...

El adiós que nunca dijimos

La intensidad de su mirada Había algo en sus ojos que desarmaba mis defensas. No era solo el color, aunque aquel tono oscuro pareciera esconder universos. Era la intensidad, la forma en que su mirada me buscaba como si quisiera leer los pensamientos que yo misma no entendía. No hablaba mucho. No hacía falta. Sus silencios decían más de lo que cualquier palabra podría expresar. A veces, mientras yo llenaba el aire con frases sin importancia, él me observaba. Y cuando al fin rompía su mutismo, lo hacía con una frase que se quedaba rondando mi cabeza durante días. Había en él una calma que yo anhelaba. Sus movimientos eran precisos, nunca precipitados. Tenía esa costumbre de tocarme apenas con la punta de los dedos, como si temiera romperme, como si en mi piel hubiera un misterio que no quería resolver demasiado rápido. Pero lo que más amaba de él eran esos momentos en los que nos quedábamos acostados, sin prisas ni palabras, mientras el mundo afuera parecía detenerse. En esos insta...

La musa de mis letras

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Apareció en mi vida como un susurro, apenas perceptible, pero suficiente para quedarse grabado en algún rincón de mi memoria. No sé cómo comenzó todo, pero sí recuerdo cómo terminaba siempre: con él desapareciendo, dejando tras de sí una mezcla de vacío y palabras que yo no sabía cómo ordenar. No era alguien que se destacara a simple vista. Tenía barba y usaba anteojos que parecían demasiado grandes para su rostro. Su risa era peculiar, un sonido que al principio desconcertaba pero que, con el tiempo, se volvía imposible de olvidar. No, nunca me enamoré de él. Pero había algo en su forma de estar, en su manera de escuchar, que hacía que mis ideas cobraran vida. Él no decía mucho. Solía mirarme en silencio mientras yo le hablaba de mis historias, como si estuviera descifrando algo que yo misma no entendía. A veces hacía preguntas, pequeñas observaciones que parecían insignificantes, pero que terminaban marcando el rumbo de mis palabras. Siempre me asombró cómo podía transformar algo ord...

Desde el suelo ✨

Caíste, y el mundo pareció detenerse. Pero ahí, en el suelo, descubriste que no eras tus fallas, sino tu fuerza para levantarte. Cambiar no es rendirse. Es redibujar el mapa y entender que las metas también evolucionan. Renacer no es empezar de cero, es tomar lo aprendido y caminar con nuevos sueños. Levántate. El futuro sigue esperando.