La primera vez que me folle a alguien

Creo que ayer fue la primera vez que me follé a alguien. Las veces anteriores que me he acostado con alguien, sentía que era a mí a quien follaban, que yo no tenía el control. Pero ayer fue diferente. Ayer fui yo quien lo inició, yo le dije lo que quería hacerle, yo le guié las manos para que me tocara como quería. Fui yo quien le bajó el pantalón. Fui yo quien se montó encima de él para sentirlo mejor, para tener el control.


Vi en su cara que le gustaba, y eso fue el combustible que necesitaba. Me excitaba ver su placer reflejado en su rostro. Me enloquecía saber que era gracias a mí. Amé cada parte de follármelo. Pero no fue por él. Fue por mí. Por cómo me sentía al hacerlo.


Sentí algo que nunca había sentido: poder. No por dominar, sino por decidir. Por no estar complaciendo, sino disfrutando. No necesitaba que me dijera que lo hacía bien, su cuerpo ya me lo estaba diciendo. Y por primera vez, no me perdí en el otro, no me desconecté de mí misma.


Estaba tan presente en cada segundo que no pensaba en si me veía bien, si gemía demasiado o si estaba haciendo lo que se esperaba. Estaba ahí, conmigo, en mi cuerpo, siendo mi deseo.


Cuando terminamos, no sentí vacío, ni culpa, ni esa incomodidad que a veces llega después del sexo. Me sentí en paz. Me sentí libre.


Y mientras él dormía, yo me quedé despierta un rato, sonriendo.

No por él. Por mí.

Porque anoche no me follé a un hombre.

Anoche me follé el miedo, la culpa, la costumbre.

Y gané.


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