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Dónde dejó se sentir

Parte II A veces todo empieza igual: con una sensación pequeña, casi imperceptible, como si algo dentro de mí se moviera apenas… y luego se detuviera. No sé en qué momento pasó, ni en qué historia empezó a repetirse, pero hay algo en mí que reconoce ese instante exacto en el que dejo de estar del todo. Antes no lo entendía. Pensaba que era el tiempo, las personas equivocadas, las historias que no sabían sostenerse. Pero ya no estoy tan segura. Porque no es la primera vez que siento que algo en mí se apaga. Ya lo he visto antes… en otra noche, en otra historia, en ese lugar donde creí que sentir tanto era suficiente. Pero no lo fue. Desde entonces, algo cambió. No de golpe, no con un quiebre evidente… sino como cambian las cosas que se rompen por dentro: sin hacer ruido. Después de eso, la gente siguió llegando. Con nuevas formas, nuevas voces, nuevas intenciones. Algunos parecían distintos, otros traían esa promesa silenciosa de quedarse un poco más. Y...

Dónde se fue sin ruido

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Parte I La habitación está en silencio, pero no es un silencio incómodo. Es el tipo de silencio que alguna vez fue íntimo. Ella está recostada boca arriba, mirando el techo que apenas se distingue en la oscuridad. A su lado, él respira con esa calma que da por hecho que todo está bien. Y, en apariencia, lo está. No han discutido. No hay reproches. No hay nada que anunciar. Solo esa noche… que parece igual a todas las demás. Él se mueve ligeramente y su mano encuentra su cintura, como siempre. Es un gesto automático, aprendido, casi perfecto en su repetición. Antes, eso bastaba. Antes, ese simple contacto la habría hecho girar hacia él sin pensarlo. Habría acortado la distancia, habría buscado su cuerpo como si fuera el único lugar posible. Pero esta vez no. Esta vez, su cuerpo permanece quieto. No se aparta. Pero tampoco responde. Solo siente el peso de su mano… y espera. Como si algo dentro de ella tuviera que activarse, como si estuviera a punto de sucede...