El adiós que nunca dijimos
La intensidad de su mirada Había algo en sus ojos que desarmaba mis defensas. No era solo el color, aunque aquel tono oscuro pareciera esconder universos. Era la intensidad, la forma en que su mirada me buscaba como si quisiera leer los pensamientos que yo misma no entendía. No hablaba mucho. No hacía falta. Sus silencios decían más de lo que cualquier palabra podría expresar. A veces, mientras yo llenaba el aire con frases sin importancia, él me observaba. Y cuando al fin rompía su mutismo, lo hacía con una frase que se quedaba rondando mi cabeza durante días. Había en él una calma que yo anhelaba. Sus movimientos eran precisos, nunca precipitados. Tenía esa costumbre de tocarme apenas con la punta de los dedos, como si temiera romperme, como si en mi piel hubiera un misterio que no quería resolver demasiado rápido. Pero lo que más amaba de él eran esos momentos en los que nos quedábamos acostados, sin prisas ni palabras, mientras el mundo afuera parecía detenerse. En esos insta...