Entradas

Mostrando las entradas de 2024

Soltar el pasado para abrazar el futuro

El futuro por delante y tú tan agarrado al pasado que no puedes ni caminar. Tienes tanto miedo a fracasar que no lo intentas siquiera; estás tan paralizado que prefieres aferrarte a lo conocido, aunque duela, antes que arriesgarte a lo desconocido. Pero, ¿qué es el fracaso, si no una lección disfrazada? ¿Qué es el miedo, si no el eco de tus dudas susurrándote que no eres suficiente? A veces, nos convertimos en prisioneros de nuestras propias historias. Esas que repetimos en la mente una y otra vez: “¿Por qué hice esto?”, “¿y si hubiera tomado otro camino?”, “¿y si no soy capaz?”. Pero lo que no solemos ver es que esas preguntas no tienen respuestas. Son cadenas invisibles que nos atan a lo que ya no existe. El pasado, por más que queramos, no puede cambiarse, y aferrarnos a él solo nos deja inmóviles. El problema no es cometer errores; todos los hacemos. El problema es creer que esos errores nos definen para siempre, como si el peso de un momento pudiera determinar el valor de toda...

Solo fuimos una ilusión

Me permití llorarte un día más.  Solo una vez más, me lo repetí mientras me miraba al espejo, observando mis ojos enrojecidos y el rastro de las lágrimas que aún humedecían mis mejillas. Me prometí que esta sería la última vez que te lloraría, que esta sería la última vez que tu recuerdo inundaría mi mente de melancolía. Te había idealizado tanto que, al comienzo, me parecía imposible superar ese futuro que creí que llegaríamos a tener juntos. Cada gesto tuyo, cada palabra, las había romantizado hasta el punto de pensar que nadie más podría tratarme como tú lo hacías. Las noches se volvieron interminables, llenas de pensamientos recurrentes sobre lo que pudo ser y no fue. Me aferraba a los momentos compartidos, reinterpretándolos una y otra vez, buscando señales de un amor perfecto que quizás solo existía en mi mente. Pensaba que tu recuerdo me dolería toda la vida; te había idealizado tanto que creía que, si no eras tú, no habría nadie más para mí. La soledad se convirtió en mi co...

¿Quién soy yo?

¿Quién soy yo? Aquí estoy, una vez más, con mil preguntas y el corazón apachurrado. Me pregunto: ¿por qué no yo? ¿Por qué otra vez no fui yo? ¿Por qué sigo sin ser suficiente? ¿Por qué nunca soy yo? Estoy decepcionada. Siento que es porque hice algo mal, porque me equivoqué en algo, porque quizá no hice lo suficiente… o tal vez simplemente creo que no me merezco ser elegida. Pero, en el fondo, sé que no fue mi culpa. Hice todo lo que estaba en mis manos, di lo mejor de mí, hice las cosas lo mejor que pude. Claro que merezco ser elegida. Lo sé. Pero a veces, una nube oscura se posa sobre mi mente y me hace dudar de todo cuando esto vuelve a ocurrir. Sé que no puedo controlar que las personas me rechacen, pero sí debo asumir mi responsabilidad: soy yo quien sigue eligiendo a personas emocionalmente indisponibles. Aunque el rechazo me rompa el corazón, no puedo ignorar que esto se ha repetido tantas veces por la manera en que elijo a las personas. Es la forma en que me relaciono, ...

El tiempo que nunca fue

El tiempo que nunca fue Soñabas con un futuro tejido a dos voces, un camino compartido, un horizonte de roces. Él, con palabras firmes, juró querer lo mismo, pero su paso al final se perdió en el abismo. Dijo que no había tiempo, que el reloj era tirano, mientras tú cargabas sueños en la palma de tu mano. Y al marcharse dejó, con gesto indiferente, una oferta vacía, un “amigos para siempre”. Qué ironía más cruel, qué burla descarada, como si el amor pudiera volverse nada. Como si las promesas, ahora hechas escombros, pudieran renacer en amistades sin fondo. No, no es tan fácil borrar lo que ha sido, ni coser las heridas de un amor perdido. Tú querías construir, él eligió huir, y en su marcha mostró que nunca supo vivir. Así que sigue adelante, deja que el tiempo cure, que tu alma se expanda, que el dolor no perdure. No necesitas migajas, ni farsas disfrazadas, mereces un amor de promesas cumplidas y alas.

La delicadeza de sus besos

 La delicadeza de sus besos La primera vez que ella me besó, se sintió increíble. Ella siempre me hacía sentir cosas nuevas, con su tacto tan delicado y dulce que lograba transformarme. Sus labios eran suaves, y nos besábamos tan despacio que podía saborear cada rincón de su boca. Sus manos rodeaban mi cuello mientras me besaba, y yo la tomaba de la cintura para acercarla más a mí. Podía sentir cómo mi cuerpo se iba derritiendo con la intensidad de nuestros besos. Ella me encantaba tanto que, en segundos, elevaba la temperatura de mi cuerpo. Ya había besado a varias mujeres antes, pero ninguna como ella, que me provocaba tantas cosas con su cuerpo. Con solo ver su silueta, sentía una parte de mí temblar de calor. Estaba acostumbrada a los besos bruscos y los roces con barbas, pero sentirla tan suave fue embriagante. No sabía cómo corresponderle sin recurrir a la intensidad a la que me había acostumbrado. Intenté ser más lenta, tomarla con suavidad, pero ya no era mi cabeza la que p...

El eco de tu ausencia

El eco de tu ausencia  "En el laberinto de mi mente, donde sombras y luz se entrelazan, tú te escondes, sin querer salir, y yo, sin querer, te busco aún. Tu recuerdo, un cuchillo afilado, que corta y duele sin cesar, pero en esa herida, late un amor, que no muere, que no cesa. Me enfurece tu ausencia, tu silencio, tu indiferencia, pero en mi corazón, late un fuego, que arde y no se apaga. No puedo evitarlo, este amor que me consume, aunque me lastimaste, aunque me hiciste sufrir. Estás metido en mi cabeza, como una canción que no cesa, un eco que resuena, un recuerdo que no se borra. Y aunque quiero olvidarte, y dejar que el tiempo cure, tu imagen persiste, y mi amor, sin querer, revive. En este tormento, me encuentro, entre el amor y el rencor, pero en el fondo, sé, que no puedo dejar de amarte."

Fluir Entre Dos Mundos

Recuerdo cuando era más joven y no entendía por qué sentía una atracción tan intensa hacia ciertas personas, sin importar su género. Era como si algo en mi interior no encajara con lo que creía "normal" o con lo que los demás esperaban de mí. Me confundía, me asustaba, y en más de una ocasión me sentí aislada en mis propios pensamientos. Por aquel entonces, no tenía las palabras para describir lo que sentía, y mucho menos el valor para compartirlo con alguien más. Era difícil procesar esos sentimientos, porque crecí en un entorno donde la orientación sexual no era algo que se discutiera abiertamente. Los modelos a mi alrededor hablaban de amor como algo que solo podía suceder entre un hombre y una mujer. Así que, cuando mi corazón latía fuerte tanto por un chico o como por una chica siempre me hacía llorar, me sentía rota, fuera de lugar. No entendía que lo que sentía era completamente válido. Con el tiempo, gracias a la madurez y a momentos de introspección, me di cuenta de ...

La sombra de quien alguna vez conocí

Tenía la idea de que al volver a verlo regresaría a esos días de enero cuando lo veía y nada me preocupaba. Creí que cuando nos volviéramos a besar, se sentiría exactamente igual que la última vez que lo bese. Pensé que vernos durante un segundo sería como si el tiempo no hubiese transcurrido, pero no fue así. Habían pasado varios meses y no estábamos en la misma página que lo dejamos. También tenía miedo de volverme a sentir tan hipnotizada por él, que pudiera olvidar el trabajo que me costó dejarlo atrás, pero tampoco fue así. Volver a verlo se sintió normal. No hubo fuegos artificiales, ni canciones románticas, ni emoción, solo calor, mucha calentura. Si hay una parte de mí que lo extrañaba, era mi piel; el contacto de sus dedos se sentía como fuego y yo ardía debajo de él. Todavía no entiendo cómo lo hace, pero siempre me hace sentir que floto sobre él; él hace que desaparezca la gravedad en mi cuerpo, él hace que la cordura de mi cuerpo se desvanezca, él me hace estallar en gritos...

Más fuerte que ayer

Imagen
Aún recuerdo cómo me sentía enamorada de ella, cómo estar con ella me hacía sentir como si estuviera en las nubes, y cómo, cuando se molestaba, sentía como si cayera al precipicio. Creo que mi principal problema con ella fue que quería todo tan deprisa que prefería ignorar las cosas negativas. Me han dicho que, cuando me enamoro, pierdo mucho el piso; sin embargo, con ella era un constante flotar que terminaba en caídas abruptas. Podía, en un instante, pasar de tener todo de ella a ya no tener nada. Nunca entendí cómo, para ella, siempre fue todo o nada; no había medias tintas en su forma de querer. Supongo que se debía a su forma de ser. Mi amigo me dijo una vez que tener mi primera relación formal con una mujer me había hecho daño porque me habían condicionado a que las cosas fueran de una forma durante tantos años, y ahora, cuando es así, me siento confundida. No sé si es por el hecho de que ella fuera mujer o por el hecho de que vivía en una relación dependiente y algo tóxica, pero...