La sombra de quien alguna vez conocí

Tenía la idea de que al volver a verlo regresaría a esos días de enero cuando lo veía y nada me preocupaba. Creí que cuando nos volviéramos a besar, se sentiría exactamente igual que la última vez que lo bese. Pensé que vernos durante un segundo sería como si el tiempo no hubiese transcurrido, pero no fue así. Habían pasado varios meses y no estábamos en la misma página que lo dejamos.


También tenía miedo de volverme a sentir tan hipnotizada por él, que pudiera olvidar el trabajo que me costó dejarlo atrás, pero tampoco fue así. Volver a verlo se sintió normal. No hubo fuegos artificiales, ni canciones románticas, ni emoción, solo calor, mucha calentura.


Si hay una parte de mí que lo extrañaba, era mi piel; el contacto de sus dedos se sentía como fuego y yo ardía debajo de él. Todavía no entiendo cómo lo hace, pero siempre me hace sentir que floto sobre él; él hace que desaparezca la gravedad en mi cuerpo, él hace que la cordura de mi cuerpo se desvanezca, él me hace estallar en gritos con su cuerpo.


La última vez que lo vi me sentía perdidamente enamorada de él. Creí que tal vez algún día podría llegar a tener algo con él. Sentía que éramos uno para el otro, por la forma en que lo conocí, sentía que éramos perfectos, por cómo embonaban nuestros cuerpos cuando nos abrazábamos y nos perdíamos en el sueño exhaustos.


Pero esta vez fue diferente. No me dormí, no sentí que nuestros cuerpos embonaran perfecto. Esta vez no sentía que fuéramos el uno para el otro. Esta vez no estaba enamorada de él. Esta vez sentía que estaba con la sombra de quien había conocido antes.


Antes solía pensar que, poseyendo su cuerpo, podía llegar a poseer su corazón, pero hoy, después de todo lo que he vivido y después de todo lo que he sufrido, entendí que no es así, que su corazón nunca va a tener alguien que lo posea, y que yo solo estoy de paso en su cuerpo y en su vida.


Creo que entender eso me hizo sentir más libre de él. Me hizo darme cuenta de que la mayoría de mi historia con él era una fantasía en la cual creía firmemente que se haría realidad, pero después de tantos meses y de tantas veces preguntándome por qué no me escogió, aprendí que nunca sería así, que tal vez nunca nadie sea suficiente para él, y sé que solo me hago daño intentando ser lo que yo creo que él busca.


Ahora, después de más de medio año sin saber nada de él, puedo decir que estuve mejor así. Ha sido el único hombre que he dejado entrar y salir de mi vida tantas veces, porque creía en mi corazón que algún día el amor ocurriría. Pero ya no espero nada de él. Hoy sé que debo buscar alguien que me escoja al instante, que nunca tenga dudas sobre lo que siente por mí, que me busque tanto como yo lo busco, que se derrita por mí tanto como yo me derrito por él.


Ya no estoy dispuesta a aceptar menos de lo que yo doy. Quiero hacer cambios en mi vida y no dejar que entre en mi vida alguien que no sepa qué es lo que quiere conmigo. Ya estoy cansada de despedidas abruptas y besos pasajeros con personas que no me escogen como yo los escojo.


Hoy yo decido no aceptar menos de lo que yo doy. A él le agradezco por esa noche que me hizo entender que el tiempo no pasa en vano y que a veces idealizamos volver a vivir situaciones que nunca van a volver a ser iguales, porque ya no estamos en esa misma época, ni somos ya las mismas personas que se gustaron al instante.



Comentarios

Entradas más populares de este blog

Una taza rota dentro del cajón

La primera vez que me folle a alguien

Nadie recuerda a los invisibles