Solo fuimos una ilusión
Me permití llorarte un día más.
Solo una vez más, me lo repetí mientras me miraba al espejo, observando mis ojos enrojecidos y el rastro de las lágrimas que aún humedecían mis mejillas. Me prometí que esta sería la última vez que te lloraría, que esta sería la última vez que tu recuerdo inundaría mi mente de melancolía.
Te había idealizado tanto que, al comienzo, me parecía imposible superar ese futuro que creí que llegaríamos a tener juntos. Cada gesto tuyo, cada palabra, las había romantizado hasta el punto de pensar que nadie más podría tratarme como tú lo hacías.
Las noches se volvieron interminables, llenas de pensamientos recurrentes sobre lo que pudo ser y no fue. Me aferraba a los momentos compartidos, reinterpretándolos una y otra vez, buscando señales de un amor perfecto que quizás solo existía en mi mente.
Pensaba que tu recuerdo me dolería toda la vida; te había idealizado tanto que creía que, si no eras tú, no habría nadie más para mí. La soledad se convirtió en mi compañera constante, y el mundo exterior parecía desvanecerse mientras me sumergía en la nostalgia de lo que nunca llegamos a ser.
Sin embargo, mientras las lágrimas caían una vez más, una inquietante duda comenzó a surgir en mi mente: ¿acaso alguna vez te conocí realmente, o solo fui prisionera de la imagen que construí de ti? Y si fue así, ¿qué otras ilusiones me mantienen cautiva aún?
El espejo reflejaba no solo mi rostro abatido, sino también las sombras de mis propias creaciones, de los fantasmas que había alimentado con mis anhelos y miedos. ¿Cómo distinguir la realidad de la fantasía cuando el corazón se empeña en ver lo que desea?
La habitación, antes refugio de nuestros sueños compartidos, ahora se sentía fría y ajena, llena de recuerdos distorsionados por la idealización. Me pregunté si alguna vez podría liberarme de las cadenas que yo misma había forjado, si sería capaz de enfrentar la verdad desnuda, sin los adornos de mis propias expectativas.
Y así, con el alma en vilo y la mente atrapada entre la realidad y la ilusión, me quedé contemplando mi reflejo, buscando respuestas en unos ojos que apenas reconocía como míos.
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