El tiempo que nunca fue

El tiempo que nunca fue


Soñabas con un futuro tejido a dos voces,

un camino compartido, un horizonte de roces.

Él, con palabras firmes, juró querer lo mismo,

pero su paso al final se perdió en el abismo.


Dijo que no había tiempo, que el reloj era tirano,

mientras tú cargabas sueños en la palma de tu mano.

Y al marcharse dejó, con gesto indiferente,

una oferta vacía, un “amigos para siempre”.


Qué ironía más cruel, qué burla descarada,

como si el amor pudiera volverse nada.

Como si las promesas, ahora hechas escombros,

pudieran renacer en amistades sin fondo.


No, no es tan fácil borrar lo que ha sido,

ni coser las heridas de un amor perdido.

Tú querías construir, él eligió huir,

y en su marcha mostró que nunca supo vivir.


Así que sigue adelante, deja que el tiempo cure,

que tu alma se expanda, que el dolor no perdure.

No necesitas migajas, ni farsas disfrazadas,

mereces un amor de promesas cumplidas y alas.

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